Un libertario en términos simples

Un libertario en términos simples

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Libertario

Artículo escrito por Diego Sosa.

LibertarioUn libertario describe al individuo que por sobre todas las cosas entiende que lo más importante para sí mismo y el único bien que posee es sú vida, sú existencia y la de nadie más por que ciertamente ha de estar vivo para siquiera desear valorar la vida ajena. Todo no empieza por la vida, sino por sú vida y esto se cumple para cualquier ser humano existente con acciones de paz ya que los cadáveres no pueden velar por la vida de los vivos. No se cumple en los criminales por que es una contradicción existencial vivir para matar o robar, impidiendo de este modo vivir y vivir en paz a los demás. Esa existencia, ese medio por el cual el hombre conoce todo lo habido y por haber resulta ser la cosa más valiosa poseída y por lo que realmente vale la pena luchar para vivir. Y vivir no es más que existir en paz.

Es así que el libertario ante la presencia de sujetos que de manera directa, o no, utilizan métodos violentos para acabar y atormentar esa vida, su vida o la de cualquier ser humano honesto y pacifico como el, levanta sus armas y pelea para sobrevivir primero y vivir después. El miedo, su mayor miedo, es el caer en las manos violentas. Por eso mismo como es lógico las odia a muerte y trabaja con ahínco para eliminarlas, combatirlas o alejarlas como ha de lugar de su entorno pacifico y libre. El libertario es el que se dice a si mismo:

“hago el bien no haciendo el mal, no hago el mal no matando, hiriendo, robando ni explotando a los hombres buenos de este mundo. Ni caigo tampoco en la parodia de hacer el mal para hacer el bien, por que aquel mal hecho para ayudar a otros no es menos mal que el realizado para beneficiarse a si mismo. Querer hacer el bien a punta de pistola en último término es hacer mal, por que las balas en el cráneo de un inocente no tienen absolutamente nada de bien”

El libertario entiende que su cuerpo, sus bienes y propiedades legítimamente adquiridas, pertenecen a él por que con él nacieron y por que él las obtuvo por si y para sí mismo sin avasallar a nadie.

¿Qué puede entender el hombre corriente por libertario? Un libertario es lo que en términos “políticos” seria un sujeto de ideas radicalmente antidemocráticas y por ende golpistas. Antidemocrático por que no encuentra razón en que un criminal sea elegido por el simple y grotesco hecho de que una mayoría de individuos asientan o crean sus promesas criminales o sean obligados a apoyarlas. Golpista por que sabe que un grupo de sujetos llamados “el gobierno” no tienen derecho a sacrificar las vidas, a explotar con trabajo forzado ni a usurpar demás bienes y propiedades a los que no quieren señalarlo como sus representantes, de esos que no aceptan ser asaltados por esa banda auto-legitimada de asesinos, ladrones y mentirosos. Que las banda de los armados y extremadamente peligrosos caiga o el libertario las hará caer por la fuerza. Tampoco acepta la antigua historia de que vale permitirles a estos sujetos actuar tan inmoralmente como se proponen por que de lo contrario, el caos y la violencia salvaje nos consumirán a todos como sociedad. De ser así probemos con el supuesto caos que vendrá sin los políticos y veamos si al no haber grandes ladrones y asesinos en acción las cosas empeoran o mejoran.

¿Que busca el libertario? El libertario busca a alguien en especial y ese alguien se llama, lo llaman, o se hace llamar la “nación”, familiar muy cercano de otras creaciones mentales como ser el “estado” o la “patria”. Nadie sabe bien qué es, donde vive ni como se materializa o mejor dicho quienes son los que se hacen llamar como tal, pero lo que se sabe con toda exactitud es la forma en que algunos se benefician actuando en su representación. La verdad es que en nombre de eso, de eso que llaman “nación” se ha matado, se ha lastimado, se ha explotado, robado y cometido las más grandes aberraciones humanas contra millones de hombres, mujeres y niños inocentes. Por la nación se roba en tiempos de paz y se roba y se mata a la vez en tiempos de guerra, una guerra siempre iniciada por políticos armados a costa de pobres victimas que nada tienen que ver, esas que solo imploran vivir en paz, en libertad y seguras de sus propiedades, bienes y comercio. Se comete hasta la locura, la osadía de denominar todas estas propiedades privadas no como tales, sino como “territorio de la nación”.

Al robo armado que solo es impuesto por políticos curiosamente posee el mismo extraño nombre de su naturaleza, “impuestos”. A las victimas de ese robo cruel y despiadado la nación denomina contribuyentes. A sus propios guardias armados les llama ejército o policía, y a los que no deben poseer armas contra estos, civiles. Estos guardias, se les hace creer a los ingenuos, son proveídos por los políticos para la seguridad personal, para el beneficio social, para evitar que las personas nobles y humildes sean asaltadas por ladrones audaces. Estas son las palabras de los ladrones profesionales. Están contra el robo que dicen combatir pero pagan a sus milicias con dinero robado. La terminología inventada para enmascarar hechos grotescos que serian denigrados por cualquier persona en sus cabales es tan impresionante que es digna del mayor déspota letrado de la historia. La nación, o sea los políticos propiamente dichos, también defiende sus causas en base a las peores estupideces escuchadas vez alguna. Se trata de los típicos holgazanes, ignorantes y entupidos que por las armas buscan la aprobación de otros holgazanes, ignorantes y entupidos para obtener mucho por nada, ganancias sin haberlas ganado, sueldos sin haber trabajado o privilegios sin merecerlos por parte de los que crean la verdadera riqueza. Por eso el libertario busca a esos holgazanes que dicen que él debe mantenerlos con la obligación de pagarles por la fuerza esa mantención. Entre esos vagos figura como es de notar el propio político, el gran orquestador de toda esta injusticia. Por lo tanto busca el libertario al ladrón de su dinero que después de quedarse con un gran porcentaje le devuelve el resto diciendo que lo “ayuda”. A ese que impide que las personas salgan de la pobreza prosperando libre y pacíficamente, a ese que no solo evita que disminuya la miseria sino que contribuye a crearla, en fin a ese que encima de estorbar exige cobrar por hacerlo. Busca al que le ha robado el sueño de su vida, al que con sus felices esperanzas termino, a ese que no ha dejado nada y todo se llevo. Grita entonces con euforia: ¡tenía las manos llenas, pero vacías me las dejo! Que lo busquen por donde sea y que devuelva lo que me robo.

Cada ves que un miembro o representante de eso que denominan nación ha dicho “defender la nación”, no ha querido decir mas que se empobrezca por la fuerza de las armas a la gente inocente, que se le quite el dinero a los hombres honrados y les sea entregado a los mas excrétales explotadores del momento, o que, como en tiempos de guerra, se mande a millones y millones de niños y jóvenes al suicidio masivo para defender a la “nación” por que así se les había ordenado y enseñado en sus escuelas, por la fuerza claro esta. Pero no fue difícil reconocer quienes y por que daban dichas órdenes, por el contrario, del todo fácil resulto saber que los políticos, esos timadores cuya labor solo incumbe en matar sin piedad, a robar sin descaro y a mentir sin vergüenza, como es lógico en toda actitud violenta, eran realmente los que se denominaban defensores activos de la “nación” y autores de sus hechos y totales responsables de sus consecuencias. La gran confusión en las mentes débiles solo radicaba en que los personeros de tan desastrosos horrores hablaban siempre en plural, y algunos desgraciadamente se creían semejantes cuentos infantiles sin percatar que se trataba del fraude más viejo de la historia de las bandas violentas organizadas.

Ante esto, el libertario responde:

“quienes quieran que sean los que se hacen llamar por tu nombre o por tus acciones terroríficas contra los hombres de bien, aquí, ahora y siempre, juro en lo mas profundo de mi ser utilizar todas mis fuerzas para buscarte por tierra, mar y aire. Juro combatir a tus defensores armados o no que matan, roban y engañan a pobres e ingenuos auque para esto la incertidumbre, el riesgo y el miedo me lo quieran impedir y procurar hacerte ganar a ti la batalla. ¡El libertario es un hombre peligroso para los enemigos de la paz y por ello ante su meta no lo para nadie así que cuidado con él, que tampoco lo subestime nadie! Pero si lo logro, si al iniciar la búsqueda te encuentro y nos vemos las caras, si llego al fin a verme parado frente a la barbarie, en ese preciso momento te mirare a los ojos con bronca y rencor y en nombre de todos los asesinados y asaltados de todos los tiempos, juro también de un duro y fulminante golpe, eliminarte en el acto.

Ni piedad ni misericordia contigo. No tuviste piedad para empobrecer a los hombres robándoles ni misericordia para utilizar como chalecos antibalas a los adolescentes a quienes adoctrinabas llevándolos al más cruel derramamiento de sangre de la humanidad. Te matare, y sino no puedo ahora, prometo buscarte, encontrarte y donde quieres que estés, matarte.

El enemigo mortal de los libertarios es la nación, y a su eliminación vamos. Pero si en el intento fallo y te escapas prometo emprender la búsqueda nuevamente, volver a encontrarte y en ese momento si, en nombre de la libertad humana tristemente arrebatada, matarte de un disparo esta vez certero y profundo. Y si caes moribunda al piso, rematarte al fin heroicamente”

Todo esto promete el libertario por la verdadera libertad que lo lleva a combatir esa otra libertad llamada política que no es más que la libertad de unos explotadores a mantener en servidumbre, pobreza y decadencia a los hombres buenos de este mundo. ¿En que se respaldan los políticos, esos seres despreciables, para convencer a los pobres ingenuos, ignorantes e incautos de la necesidad de sus robos y crímenes? En la ley y la patria, responden ellos, y el libertario retruca; púes en su misma autoria admiten entonces. Por supuesto que no, nada de eso, exclama riendo el libertario en la cara de sus acosadores y extorsionadores. Acto seguido se insubordina ante ellos y pisando la bandera, escupiendo sobre una urna de votación y quemando una constitución, dice; ¿morir por la patria? ¡Jamás, que se muera ella por mí! ¡Oh patria, cuantos crímenes se cometieron en tu nombre! Ni una guerra más por tierra. Ni una gota de sangre más por la patria, ni una muerte más por una tela pintada. ¡Oh bandera cuantos crímenes se cometieron por tus colores! ¡Cuantas muertes, cuantos asesinatos, cuantos suicidios forzosos, cuantas pobres victimas, cuantas tragedias! Para el libertario esto debe terminar y de eso se encargara. Los defensores de la violencia legalizada no lo saben pero es el principio de su fin.

¿Y la ley? La tan malamente venerada “ley” no es sino la proclama de un montón de parásitos humanos llamados políticos, o sea nuevamente las órdenes escritas en un papel por el grupo más vil, desvergonzado y sádico de hombres. Si eso es ley, eliminar al legislador y quemad el papel sobre su cadáver. Ni una plaga más, ni un político más. Hay que hacer libertad quitándolos del medio. Si se resisten pacíficamente, correrlos pacíficamente, pero si vienen con sus guardias armados, misiles y tanques, responderles con sus mismas herramientas. Es aquí que un libertario en medio de esa guerra que los violentos hacen para defenderse, proclama; “hagan libertad, maten a un político, por que sino el los matara a ustedes”.

Por eso el libertario nunca, nunca ha de ceder al mal, jamás tenemos que ceder al mal. Ni siquiera pensar negociar con el mal por que en ese preciso momento deja de ser libertario para transformase en cómplice de una organización criminal bien administrada y con bonito nombre, de esa sarta de sujetos que practican los más grandes latrocinios y asesinatos del momento. La libertad de la humanidad no acepta trasformaciones para cubrir las defensas del bando criminal. No cedamos al mal. No cedas al mal.

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