Liberalismo no es pensamiento único

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MIQUEL PORTA PERALES Desde su nacimiento, el liberalismo ha recibido críticas muy duras que vienen tanto de la derecha como de la izquierda. Y las críticas continúan. ¿O es que ustedes no oyen las diatribas que en la actualidad recibe el liberalismo, al que suele tildarse de perverso pensamiento único? Y lo más curioso es que los cruzados antiliberales de uno u otro signo (de derecha o de izquierda en sus diversas variedades que van del fascismo al comunismo) forman parte de un mismo linaje o tradición intelectual que considera el liberalismo como la fuente de los problemas del presente. ¿Cuáles son los pecados del liberalismo según sus críticos? Por ejemplo: individualismo, desdén por lo orgánico, indiferencia hacia la comunidad, creencia en la primacía de los derechos, escepticismo moral, prioridad del procedimiento, acrítica aceptación de las categorías económicas, etcétera. Ante semejante crítica, convenía que alguien se formulara la siguiente cuestión: ¿son de recibo los argumentos esgrimidos contra el liberalismo? Al respecto, Stephen Holmes (profesor de Ciencia Política y Derecho en la Universidad de Chicago) nos brinda un magnífico trabajo en el que analiza el antiliberalismo no marxista de los que podríamos considerar como clásicos del género (porque estamos, de hecho, ante un género): Joseph de Maistre, Carl Schmitt, Leo Strauss, Alasdair MacIntyre, Cristopher Lasch, Roberto Unger y comunitaristas como Charles Taylor o Michael Sandel. Stephen Holmes, tras exponer y valorar con un rigor digno de elogio el antiliberalismo militante de unos autores que – según el caso-critican la permisividad, el conformismo, el universalismo, la razón instrumental o el escepticismo liberal, extrae unas conclusiones que resultan fundadas a la vista de lo mostrado (y la gran virtud del libro es precisamente la de mostrar de forma descarnada las ideas de unos críticos que más parecen censores): dichos pensadores se olvidan de aquellos textos que no cuadran con sus intenciones descalificadoras, incurren en incoherencias e inconsistencias, y proponen alternativas faltas de realismo. Hay que añadir un par de detalles: nuestro autor no hace trampa (no juega con la dicotomía teoría buena/práctica degenerada: ese era el peligro por salvar); y – al contrario de lo que suelen hacer los críticos/censores antiliberales-acepta aquellas enmiendas (el exceso de confianza en los mecanismos impersonales de la ley o el mercado, por ejemplo) que el liberalismo se merece. Si bien se mira, una manera muy elegante de acreditar una teoría liberal que justamente se caracteriza por su talante abierto. Y un ejemplo para todos los que ven la paja en ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Mixtificaciones antiliberales En su trabajo, Stephen Holmes desvela las mixtificaciones propias de la dogmática antiliberal. Veamos algunas. ¿El individualismo es atomístico? Respuesta: el liberalismo habla de la socialización primaria y cree que lo individual nace de la comunicación social. ¿La indiferencia ante el bien común? Respuesta: el liberalismo reclama el bien público y social como objetivo del gobierno. ¿El declive de la autoridad? Respuesta: el liberalismo afirma que la autoridad es necesaria, aunque es cierto que niega el Estado coercitivo. ¿El escepticismo moral? Respuesta: el liberalismo fomenta la tolerancia y la libertad de pensamiento, pero distingue entre legalidad y moralidad para que el individuo pueda seguir su ideal moral, aun cuando su prójimo lo considere repulsivo o equivocado. ¿La arrogancia de la razón instrumental? Respuesta: el liberalismo entiende la ciencia como la facultad de sobrellevar nuestra ignorancia.

Stephen Holmes analiza los ataques y las mixtificaciones que han dedicado al liberalismo numerosos pensadores de los últimos dos siglos.

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Traducciones de artículos libertarios y anarquistas (anti-Estado) escritos por otros autores.

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