La lógica Hoppeniana de la Propiedad Privada

La lógica Hoppeniana de la Propiedad Privada

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Murray Rothbard, siguiendo la tradición lockeana, era iusnaturalista. Creía en unos Derechos Naturales propios del hombre, es decir, de la naturaleza humana. Entre estos derechos descansa la propiedad privada. Si nos fijamos en nuestra naturaleza (mediante la razón) nos daremos cuenta que el ser humano necesita propiedad privada para actuar. Nuestro propio cuerpo es la primera propiedad que poseemos al nacer (autoposesión). Luego, todos los bienes externos a nuestro cuerpo también son susceptibles de tener propietario. Esta apropiación externa de bienes tangibles se realiza mediante la famosa “apropiación originaria”. Esto significa que el primero que mezcla su trabajo en una propiedad virgen (sin previo dueño), se apropia de dicho bien; como legítimo primer “usuario”.

 

Los Derechos Naturales son ciertos, Rothbard tenía razón. Pero, aún así, ¿cómo los justificamos? Hay que diferenciar los liberales clásicos (que usan un acto de fé) con los anarcocapitalistas (teoría ética perfectamente justificada). Rothbard explica en alguno de sus libros que la naturaleza del hombre nos justifica estos derechos. Y que podemos llegar a ellos mediante la razón. Las piedras tienen una naturaleza atómica diferente; no pueden razonar. Sólo el hombre, al poder razonar, es poseedor de estos derechos de propiedad privada y apropiación originaria.

 

Ahora bien, no es hasta Hans-Hermann Hoppe, que podemos deducir y posteriormente demostrar, de manera lógica, esta ética de Propiedad Privada. Hoppe, en su texto On the Ultimate Justification of the Ethics of Private Property, nos demuestra de manera praxeológica (acción humana) y lógica la ética de la propiedad privada. Comentaremos un poco ese paper.

 

Ludwig von Mises aplicó su praxeología solo en la acción humana; lo que él llamaba la Economía. Nos demuestra que el ser humano busca unos fines y los intenta conseguir mediante ciertos medios. La Economía nos dice qué medios hacen que consigamos determinados fines. Pero si estos fines son justos o no lo son, no nos lo puede demostrar la Economía. Como la praxeología estudia las acciones humanas, solo nos podemos fijar qué fines (mediante acciones) producen mayor bienestar social. Mises, y otros liberales, creían que con la propiedad privada se producía mayor nivel de vida que cualquier otro sistema. En cierta manera éste era un argumento ‘utilitarista‘. Pero el utilitarismo es un sistema totalmente contradictorio y nada ético que, además, produce serios problemas prácticos. Los liberales tenían que basarse en su “fé” para creer en la propiedad privada.

 

Veremos, pues, que la ética de propiedad privada de Hoppe apoya los Derechos Naturales de Rothbard pero lo hace mediante la praxeología de Mises.

 

Sólo la ética de propiedad privada (y ninguna otra) puede ser demostrada mediante la argumentación. Y cualquier otra ética que no sea la libertaria (de propiedad privada) puede ser negada mediante la lógica, al incurrir en una contradicción. El acto de argumentar (intercambiar proposiciones) solo lo podemos hacer los humanos. Las piedras o los animales no pueden intercambiar proposiciones. Entonces, se deduce que lo que es legítimo o ilegítimo solo se puede demostrar vía argumentación. Alguien no puede decir que algo es “ilegítimo” si primero no argumenta tal hecho. Cuando intentas demostrar a otra persona que “algo” es “justo” o “injusto”, lo haces argumentando “tal” cosa.

 

 

Teniendo claro que solo podemos discutir sobre un tema (y encontrar qué ética es la mejor) mediante la argumentación, pasamos al segundo hecho lógico. Cuando argumentamos usamos medios escasos para proponer tales argumentos; hacemos uso de bienes tangibles a la hora de intentar demostrar algo, es decir, de propiedad privada. Nadie puede intentar argumentar nada si no fuera el legítimo dueño de los medios que usa a la hora de argumentar. Como tampoco podemos argumentar que no podemos argumentar (contradicción). Cuando argumentamos (oralmente) usamos nuestras cuerdas vocales a la hora de demostrar algo. Si argumentamos de manera escrita (como este post), usamos nuestros dedos al teclear tales afirmaciones. Si no fuésemos los dueños de nuestro cuerpo, nadie podría argumentar nada. Para argumentar necesitamos hacer uso de nuestra autoposesión. Cualquier persona que discuta el derecho de autoposesión, estaría entrando en una contradicción lógica; ya que para argumentar que “el derecho de autoposesión no es cierto” necesita hacer uso, previamente, de este derecho.

 

Entonces se deduce de manera lógica y argumentativa que la autoposesión es pre-requisito indispensable a la hora de intentar demostrar cualquier otra afirmación.

 

Y, además, se puede demostrar de manera lógica (mediante la argumentación) que el ser humano también necesita derechos de propiedad de bienes externos a nuestro propio cuerpo (diferentes de la autoposesión). El ser humano actúa para conseguir fines, y lo hace mediante medios escasos (propiedad privada de bienes externos). Si no pre-suponemos que estos medios son privados y pertenecen a alguien, no podríamos hacer nada. Dejaríamos de existir. Para usar estos medios necesitamos un propietario correctamente definido. Si estos medios no tuvieran propietario, a la hora de usarlos necesitaríamos el consentimiento de toda la población para hacerlos servir; y, antes de que nos pusiéramos de acuerdo con toda la humandiad, ya estaríamos muertos. Si, por ejemplo, necesitásemos la aprobación de toda la humanidad (bienes con propiedad comuna) a la hora de usar un bien escaso, dejaríamos de existir antes de ponernos de acuerdo. O si los bienes no tuviesen propietario en absoluto, no podríamos hacer absolutamente nada, ya que no podríamos usar esos bienes.

 

Además, a la hora de hacer uso de estos bienes escasos, necesitamos definirlos mediante la “apropiación originaria“. Si no lo hacemos así, estamos entrando en otra contradicción lógica. Si no definimos un vínculo objetivo entre un medio escaso y una persona individual concreta (propiedad privada), entonces afirmamos que los últimos en llegar son también propietarios de estos bienes. Pero si afirmamos esto nadie podría hacer absolutamente nada con estos bienes, ya que para usarlos necesitaría el consentimiento de todos los últimos en llegar. Si nos situamos en un espacio temporal en el tiempo, vemos que el ser humano ha llegado hasta aquí porque se ha pre-supuesto antes la propiedad de los bienes escasos que nos rodean. Si nuestros antepasados hubieran necesitado la aprobación de sus futuras generaciones a la hora de usar estos medios, no habríamos llegado hasta aquí. Con lo cual, cuando argumentamos en un punto del espacio temporal algo, estamos demostrando que nuestros antepasados usaron esos bienes mediante propiedad privada.

 

Se deduce y se llega a la conclusión que solo por el hecho de existir y estar vivos, la propiedad sobre cosas externas a nosotros debe ser pre-supuesta antes.

 

Se concluye pues que a la hora de entrar en debate (e intercambiar proposiciones) estamos justificando la ética de propiedad privada. Sólo por el solo hecho de debatir con alguien, ya estamos pre-suponiendo la veracidad de la autoposesión (para poder explicar nuestros argumentos) y de la apropiación originaria de los medios (para poder actuar en este mundo).

 

Si alguien, mediante argumentación (no hay otra manera), quiere refutar esta ética de la propiedad privada, estará entrando en una contradicción lógica. Ya que para refutarlo, necesitará 1) hacer uso de sus dedos para teclear lo que quiere escribir y 2) necesitará un bien escaso (en este caso, ordenador y cables de conexión a Internet) para difundir estos argumentos. Nadie puede negar la autoposesión haciendo uso, precisamente, de su cuerpo (y siendo él el propietario de sus cuerdas vocales o dedos para argumentarlo).

2 Comentarios

  1. Mejor explicado, imposible Josep. Creo que la auto posesión como principio de propiedad es la mejor arma contra tanta estupidez socialista.

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