Buscando al responsable de los saqueos

Buscando al responsable de los saqueos

1522
0
Compartir

-Soy un ladrón: vivo robando a los ricos
-Soy un caballero: vivo robando a los pobres
Estrechémonos las manos.

*Bernard Shaw

SaqueosHace pocos días fui testigo directo y por momentos victima de una serie de violentos saqueos a comercios y domicilios particulares que se produjeron en la región norte de Argentina, mas precisamente en la ciudad de Tucumán que por ciertos motivos acaparo las noticias nacionales por los extremismos vistos. Entre los días 10 y 11 de diciembre, por el acuartelamiento policial decretado por las fuerzas de seguridad estatales y estando en línea con lo sucedido en otras provincias, la ciudad entera estuvo en situación por poco de guerra interna con organizados moto-saqueadores armados vaciando supermercados y desvalijando casas por un lado, y por otro vecinos a doquier formando barricadas y armándose como sea en legitima defensa de sus propiedades. El accionar, las raíces y consecuencias de estos sucesos dieron lugar a que gente respetable, educada y culta dijeran tal cantidad de estupideces y barbaridades que me veo en la tarea de aclarar un numero de afirmaciones que se expresaron por obvias o racionales, pero desconociendo inconscientemente que en momentos de tensión la emoción deja de llevarse bien con la razón.
Para aclarar un poco las aguas basta recordar que las protestas y posterior acuartelamiento de los policías se originaron en la negativa del gobierno de avalar un acuerdo salarial que les permitiera sobrellevar los importantes aumentos en bienes y servicios básicos que se originaron en el último año debido a la casi innombrable inflación de dos dígitos (1). Esa es toda la historia. En un país donde hace más de medio siglo los acuerdos sindicato-estado por salarios son comunes en casi todas las ramas de la industria, esta vez oficiales de menor rango quisieron tener el turno, pero se lo negaron. ¿Las excusas del gobierno?; no pueden extorsionar al gobernador; no pueden pedir salarios cuando el presupuesto del año próximo ya esta escrito; el pedido es demasiado ambicioso; tienen derecho a brindar seguridad no a imponer salarios, y demás cosas por el estilo. En este espacio no voy a dedicarme mucho al análisis de las palabras del gobierno local o nacional por que en la vida aprendí que a los actores cómicos hay que verlos y reírse, no buscarles algún grado de erudición en las palabras ¡que se puede esperar de un burro más que una patada! Me enfoco, por el contrario, en las expresiones difundidas por periodistas radiales y televisivos que por sus posiciones y prestigio llegaron mucho a las masas, para más tarde centrarme en una muchedumbre algo homogénea en ideologías que en la plaza principal de la ciudad empezó a escrachar al gobierno, pero en especial a los policías que ya terminaban de acordar con este.

La emoción por delante

Tomo como primer caso a la localmente famosa periodista de antaño Sonia Garcia, que el día 11 junto a Juan Carlos Carrizo y demás compañía, en LV12 dijo cosas como estas:

“¿Por que los policías no cumplen con su labor si para eso se les paga? ¿Por que no brindan seguridad al pueblo cuando el pueblo pide seguridad? Están para la comunidad, no para otra cosa. Son unos irresponsables e insensibles, ¿por que no protegen a la población? ¿Justifica liberar la ciudad a los delincuentes solo por cuestiones saláriales? Los policías tienen que volver a las calles, es su deber. ¡Respeto las cuestiones salariales, pero que ahora salgan a las calles a protegernos por favor, hay gente muriendo, estamos desprotegidos!, ¿que les pasa? ¿Acaso no les importa la sociedad ni hacen caso a sus pedidos de auxilio? Después arreglen el tema sueldos, por que hoy importan otras cosas”

Y en comunicación con el líder de los policías sublevados:

“¿Por que ustedes no salen a las calles a protegernos, acaso no les importa nuestras vidas? Ustedes tienen (“tienen” lo dijo en forma clara y alta con actitud bien segura) que salir a velar por las personas de Tucumán por que esa es su obligación”

Minutos después ante las preguntas críticas de otro periodista sobre el valor de la vida de las victimas de los saqueos, el sublevado contesto; ¿y la vida de un policía que sale a la calle a exponerse por una miseria de sueldo cuanto vale señor? Antes de que el sublevado continuara contestando, García ya enfurecida lo despidió en forma abrupta con un “buenas tardes”. La respuesta fue un aplauso de todo el personal radial, mas una cantidad monstruosa de apoyo y felicitaciones a sus palabras en redes sociales, mensajes escritos a LV12 y numerosos llamados telefónicos. Le puso los puntos al policía ese y le dijo la verdad; esa fue la respuesta general del público que la aplaudió.
¿Pero que hay que decir sobre estas emotivas y a la vista afirmativamente ciertas opiniones de enojo, indignación y humanidad? ¿Son reales dichas aseveraciones? En teoría si, pero en la practica no.
Acá se desprende algo que quizás para cualquiera que no estudie bien el caso pasa desapercibido: el derecho a un servicio de seguridad. La gran confusión se da en que las palabras de García, sin saberlo, interpretaban a la policía estatal sublevada como si esta fuera privada. Por supuesto que un servicio pago tiene que ser proveído a sus clientes, pero en este caso el proveedor del servicio policial en disputa es muy particular, y estos periodistas lo saben bien. Los servicios generalmente los pagamos solo si los recibimos. No es factible que persona alguna pague un servicio antes de utilizarlo ni mucho menos que continué pagándolo mientras no lo reciba. ¿Quién pagaría un café en un bar antes de desear tomarlo? Si yo pago un servicio, lo exijo. Si pago pero no lo recibo, hago una queja y/o demando una devolución del dinero. Abandono al proveedor pero no la demanda del servicio, y por consiguiente busco otra firma que si lo provea en mejores condiciones. Si al tiempo existe otra que lo brinde más barato o de mayor calidad las opciones se amplían pero de cualquier modo tendré servicios a disposición, si los necesito, siendo altamente improbable en el caso particular de la seguridad, que desaparezcan ofertas de guardias armados en mí casa, barrio o ciudad. Este mecanismo maravilloso se denomina competencia, palabra denodada por la mayoría de las personas en este país cuando desde cualquier tipo de ideología paupérrima se pretende condenar al libre consumidor y favorecer a los explotadores y ladrones de siempre gracias a un monopolio forzoso. Cuando usted escuche en un político frases como “defensa a la industria nacional” o a los “servicios del estado”, tenga siempre presente la cercanía de varios monopolios de este tipo. Para aclarar la situación coloco un ejemplo visible: lo que pasaría si a usted le sigue llegando la factura del cable a pesar de no obtener la señal en su TV. Pero no solo eso, sino que en la empresa le dicen que habiendo recibido su pago, de todas formas el servicio no se lo brindan por que sus empleados están en huelga organizada por una suba de sueldos que la entidad no esta dispuesta o no puede conceder. La respuesta de cualquier cliente del cable seria: ¿y que culpa tengo yo? Si en defensa de este pobre consumidor alguien vendría y le dijera a estos desdichados huelguistas que el reclamo no es legitimo por que la gente de Tucumán tiene derecho a recibir un servicio de cable por que para eso están, para servir a la comunidad que les paga, seguramente seria tildado de demente y hasta posiblemente agredido por los sublevados, y con razón. Lógicamente una empresa con estos problemas, sea del rubro que sea, del tamaño que sea, esta en serios problemas de financiamiento y por ende cerca de su quiebra, una quiebra que liberaría a los trabajadores explotados y a los consumidores defraudados a buscar mejores oportunidades, si existiera un mercado mas libre por supuesto. Todo así, a menos que su eterno malfuncionamiento beneficie a ciertos actores, excluyendo trabajadores y clientes. En esta ultima situación la realidad requeriría del tipo de indignaciones expresados por Garcia; un servicio necesario por que existe demanda del pueblo por que es pagado por el pueblo pero no proveído a todo el pueblo. El reclamo de los que necesitan el servicio de seguridad en los peores momentos era legitimo, pero el de los oficiales en huelga por un mejor salario también. Según los medios críticos hacia la policía, importaban las demandas de los consumidores que pagaron y eran mayoría, pero no las de una minoría a quien no se le pagaba como debe ser. Aquí es donde se pierde solides con los que se expresa. Dijo García que importan ahora más los consumidores, la gente que pago el servicio con sus impuestos (por este medio pagan todos, incluso los que no necesitan o no reciben seguridad) pero no el sueldo de quienes lo proveen.
Hubo y hay mucho silencio con respecto al gran empleador de la seguridad: el poderoso monopolio forzoso en esta área, sin olvidar las consecuencias de uno de este tipo que entre otras cosas provoca que la mayoría de sus consumidores sean mayoría y que solo puedan acceder, por la fuerza, a un único proveedor de seguridad: él estado, que para colmo ni siquiera es una empresa propiamente dicha sino un grupo de individuos que sin trabajar se dedican a sacarles dinero a unos para dárselos a otros y quedarse siempre con un excedente. Una “empresa” (2) de este tipo como dueña del servicio de seguridad en todo el país tendría que por lo mínimo llamar la atención del hombre más honrado y noble. Como es de esperar al obviar al estado y su monopolio de seguridad por tenerlo como un mal menor y soportable ante un mítico caos por su ausencia, la mayoría de los ataques se dirigió hacia los policías acuartelados que eran simples empleados del gran estado servidor. Omita al pésimo proveedor de cable por no brindar el servicio, pero demonice a sus empleados por no trabajar y solo demostrara estar a favor de la explotación más insensible y vil.
La situación provocada por este gran proveedor monopólico forzoso de seguridad en la región, en esos días atestada en los barrios de la capital y alrededores de barricadas y gente armada con mucho miedo, fue vergonzosamente comentada por algunos analistas como las consecuencias de la ausencia del estado de bienestar y su indispensable policía para mantener algo nebuloso llamado “cohesión social”. El diputado Nito Artaza expreso como suprema verdad las negativas consecuencias que llevan a una policía irresponsable a promover los ataques de argentinos contra argentinos. Mientras tanto, el estado omnipotente y respetado como siempre.
Otras de las equivocadas posturas de García y la mayoría de los periodistas de su talla que criticaron sin pensar mucho, reza no solo en el desconocimiento (que puede entenderse) sino en la negación lógica de la ley universal de Say: la misma oferta de un servicio crea su demanda, no al revés. Al parecer mucha gente no puede entender que primero existe la producción y luego el consumo. La situación donde se pretende que los bienes y servicios existan por simple capricho consumista es de pura utopía. Las señales de los consumidores requieren ser captadas por los empresarios, se debe invertir trabajo y ahorros, y finalmente largar el servicio. Una necesidad de infinitos servicios en el muy corto plazo, por mas imprescindibles que sean, es imposible de satisfacer si no se revisan antes las metas de ahorro, inversión y costos (y dentro de estos los salarios) de los empresarios que buscan proveerlos, a menos que el dinero sea sacado de la nada y los trabajadores laboren explotados o incluso gratis para primordiar el consumo de los clientes por sobre los costos de buenos salarios acordados con los empleados. En las numerosas críticas a policías solo se vieron ataques hacia todos, pero no enfocándose en los proveedores reales del servicio, aquellos que deben brindar los correctos salarios para que los consumidores que tienen derecho a ver policías en sus calles estén satisfechos.
Otro de los pésimos comentarios tanto del personal de LV12 como de la muchedumbre que poco odiaba al gobierno en la plaza local, se refería a una especie de afirmación de índole colectivista-altruista que rezaba que el servicio a la comunidad, por ser comunidad, tiene mucha mayor importancia que pretensiones egoístas y materialistas de aumento salarial por parte de policías huelguistas. Cerca de las fiestas de navidad y año nuevo cuando todos, absolutamente todos los trabajadores quieren ver a sus familias felices, unidas y contentas ¿hay algunos de estos bienintencionados indignados, al parecer trabajadores, que se atrevan a pasar el 24 y el 31 a pan y agua? ¿Por que todos los trabajadores tienen pueden satisfacer sus preferencias de consumo en estas fechas ecepto los que trabajen portando un arma en la calle? El mensaje del gobierno hacia estos trabajadores claro ¡feliz navidad inmundos animales!
Estas pésimas quejas contra policías se podrían esperar de gente con poco o nada de sentido común, como la presidenta, el gobernador o sus empleados pagos con altos sueldos, pero no de gente honrada y trabajadora. ¿Alguien imagina a Sonia García defendiendo a la comunidad desde un micrófono sin recibir sueldo digno alguno por que la publicidad de la empresa privada (o los fondos estatales de una radio estatal) en la cual trabajara no fueran suficientes? Nadie puede imaginar tal escena por que en tal situación se socavaría algo fundamental: el beneficio económico, que es tan personal como el nombre propio. Viendo esto es bueno parafrasear esas eternas palabras de Adam Smith:

“No es de la benevolencia del policía, el guardia privado o el soldado de donde cabe esperar nuestra seguridad, sino de la atención a su propio interés” (3)

Tampoco quedaron ausentes las frases que santificaban la seguridad del “pueblo”, por sobre todas las cosas, incluso por sobre la realidad de que tal cosa es un servicio y el mismo es brindado por hombres de carne y hueso que trabajan para sobrevivir, no por deleitarse de placer y llenarse de orgullo persiguiendo a un saqueador. Antes de elevar al pedestal el “seguridad”, cuya responsabilidad en este caso fue del estado (los que se hacen llamar “el estado” como decía Sponner), hay que fijarse que los empleados tan insultados y odiados por no cumplir su trabajo son solo trabajadores que tienen derecho a negociar más si el plato de comida que llevan a sus casas mas caro está. Son libres de cobrar mas por su trabajo si este requiere un nivel de riesgo y sacrificio que otros no poseen (la alta probabilidad real de morir en cualquier momento, comparada con otras profesiones, debe tener su valor). Hacer el bien al vecino puede ser gratificante a nivel personal para algunos, pero obligar hacerlo a los demás sin el derecho a cobrar un sueldo decente por tal trabajo es calificar a los policías como simples armas de carne que solo deben obedecer ordenes ciegamente aguantando toda explotación posible. Hablando de explotación del trabajador, no he escuchado a ningún político izquierdista indignarse seriamente por esta situación.

El origen del salario policial

En la TV local repetidamente salio un tema que a muchos confundía y por consiguiente indignaba: lo que debe ganar un policía. Se dijeron cosas tan infantiles como que ahora con el aumento ganan como un profesor universitario sin esmerarse ni trabajar como este, o como un medico sin tener el mismo valor que este profesional tiene para con la sociedad. La manifestación de algunos sino la mayoría en la plaza central gritaba directamente que el aumento acordado (un básico de $8700, cuando pedían $12000) no correspondía por ser la cifra muy alta e incongruente con una policía ineficiente y corrupta. Estas críticas olvidaban nociones fundamentales sobre las consecuencias de una inflación reprimida por precios y salarios controlados durante largos lapsos de tiempo. Entre estas se encontraban las distorsiones de precios que generaban tanta incertidumbre y que al final explotan en el momento menos pensado. El control de precios y salarios no es eterno, tiene un límite y ese límite se presenta cuando se torna imposible para proveedores y comerciantes trabajar con perdidas, y para los consumidores, con creciente escasez. Un ejemplo histórico fue el estallido inflacionario de 1975 donde por tirar un ejemplo, un litro de soda costaba igual que un litro de nafta como bien lo había anunciado la junta militar mas tarde.
Volviendo a la relación de sueldos, al parecer muchos olvidaban que hasta hace poco, grupos de médicos y enfermeros se habían auto-convocado para exigir subas urgentes por que la inflación convertía sus profesiones en un trabajo casi esclavo por unos pesos después de haberse quemado las pestañas durante años duros en la universidad, como solían decir. Y con respecto a los docentes terciarios y científicos, vale recordar innumerables paros de gremios universitarios de profesores al ver como una burla el poco incremento de sus sueldos en incluso la falta de pago en relación con los altos aumentos de la canasta básica, por la cual muchos catedráticos afirmaban lo difícil de llegar a fin de mes. Por otra parte el Polo Científico estuvo cerrado cierto tiempo por un paro de investigadores y demás hombres de ciencia por falta de acuerdo con el estado en elevar sus haberes o acelerar pago de dinero adeudado. Sin embargo un profesor tipo de secundaria, ante los logros de sus sindicatos y el gobierno en elevar el salario mínimo, tranquilamente se ahorraba tales malestares al cobrar incluso más por mes que un profesor universitario o un investigador del CONICET. Por supuesto, en tiempos de “crisis social” todas estas verdades se olvidan y solo valía criticar el para muchos “excesivo e injusto” aumento salarial de supuestos policías irresponsables.
La única respuesta que se obtiene al controlar o congelar precios y salarios es una inflación (reprimida) y acuerdos salariales (reprimidos) que en cualquier momento ante políticos que no quieren ver ni escuchar, estallan con todas sus características negativas según la rama de los servicios afectados. Claro, una huelga de los ferroviarios, los metalúrgicos o docentes no trae tantos desmanes visibles como lo es una huelga del servicio armado de seguridad. Reclamo que no se siente, reclamo que no se ve.
Nadie puede quedarse mudo al ver que los comestibles básicos aumentan de forma descontrolada ante la mirada desconsolada de amas de casa que no logran alimentar a sus hijos como antes, ni de jefes de hogar que ven como sus deudas se hacen impagables por dar prioridad a los cada ves mas caros bienes de primera necesidad (4). En un país con inversiones escasas sino paradas, alto gasto público, planes sociales abundantes y demás tasas de interés negativas, control de cambios, alta presión tributaria, subsidios abismales a empresas publicas y privadas, aranceles a la importación con tipos de cambios preferenciales y políticas de promoción de exportaciones, la inflación deja de formar parte del mito de la curva de Phillips (5) para transformase como todos saben en un régimen de estanflacion pura (6). En una situación como esta necesariamente por pura lógica los salarios sufren enormes distorsiones ya que el valor nominal de los mismos deja de tener sentido con el valor real. La inflación avanza desmedidamente y no existe profesión que utilizando la moneda impresa por los políticos, se salve de la desvalorización. El último congelamiento de precios (supuestamente finalizado en diciembre de 2013), es uno de los causantes del disparo inflacionario reciente que afecto a todos los sueldos base, por mas salarios familiares o aguinaldos que se paguen. Son números altos que cada vez valen menos, nada más.
Existe, además de las distorsiones por controles e inflación, otro hecho que regula los salarios: la valoración libre de las personas, aun bajo el poder del gobierno. No hay control de precios y salarios, subsidios a determinado sector laboral ni aumento salarial por decreto que contradiga esto. Si determinado número de personas gusta más gastar el fruto de su trabajo en un concierto de Justin Bieber, en un prostíbulo para saciar su apetito sexual, en comprar juegos y consolas de Wii, XBOX o PS3 como entretenimiento casero, en adquirir entradas para presenciar determinado duelo deportivo, o gastar su dinero, vale repetir sú dinero en mejorar su calidad de vida comprando aires acondicionados, equipos Home Theater, LCDs o automóviles etc. no existe nada ni nadie que alegue que los catedráticos universitarios, sea un doctor en medicina, historia o calculo superior o incluso un policía, deba ganar mas o menos que los trabajadores, productores o comerciantes de los rubros primero descriptos. Tal estimación, de saber quien tiene derecho a ganar más o menos que quien, no tiene el más mínimo sentido en una sociedad tan globalizada como la nuestra, pues en ella son los trabajadores y empresarios con sus valoraciones y creaciones individuales los que libremente asignaran qué debe ganar quién, cómo y cuándo. Si las personas gastan su dinero en productos o servicios de su preferencia es por que en ese momento, estos para ellas valen más que otros, y por consiguiente algunos obtendrán beneficios y sueldos mayores que otros. Que en estos tiempos y en este país ciertos trabajadores tengan sueldos altos con respectos a otros cuando en la realidad la gente no esta dispuesta a valorarlos como altos, se debe a mera intervención de las fuerzas de las armas, es decir del estado. Durante la última década existió un ansia tremenda del gobierno a fomentar artificialmente la educación y el sistema sanitario llevando artificialmente asía arriba salarios de trabajadores cuyos servicios no eran valorados como altos o buenos por la población (pocos valoran mucho lo que es proveído por la fuerza y gratis). ¿Las consecuencias? El sistema sanitario, por ejemplo, se sobresaturo de médicos y enfermeros por pasantias en hospitales públicos, facilidades de ingreso universitario y altos salarios promovidos desde el gobierno. El resultado según las demoníacas leyes de oferta y demanda (7); el salario real de un medico recién egresado se estaba yendo al piso. Más tarde la imprenta del estado tendría que funcionar más rápido para paliar este problema. En el caso de los maestros de primaria y secundaria, todavía viven en un auge pero que ya esta terminando. Los salarios se están desvalorizando por la inflación y lo que hace tres años parecía un buen nivel de vida, hoy desaparece tras deudas impagables, comida cara y precios de trasportes públicos por las nubes sin olvidar también la saturación del sistema por el boom educativo. Tras todo esto estaban los policías que a diferencia de otras ramas de trabajadores carecían de sindicato y peor aun, obedecían (y lo siguen haciendo) a un sistema muy jerárquico que comienza en el gobernador, le sigue en el ministro de seguridad y termina con el jefe de la policía provincial. En esta situación y ante la pérdida de poder adquisitivo del salario era poco lo que se podía hacer pues, entre otras cosas la policía por su condición de fuerza armada del estado (junto a la policía federal, la gendarmería y el ejército) no puede pedir mejoras salariales ni denunciar ambientes de trabajo insalubres libremente. Curiosa mentalidad de una agrupación, el estado, que dice velar por la vida, la salud y la libertad de trabajadores, victimas de insensibles y avariciosos capitalistas. No solo eso. No solo no pueden pedir, sino que no pueden ejercer ese pedido bajo ningún tipo de huelga pacifica como ser dejando de prestar servicios. Tanto si esto ocurre (protesta pacifica), como si no (protesta violenta), serian denunciados (como ya se hizo) de delito de sedición que condena la constitución nacional bajo la pena de pasar mas de cinco años en el calabozo. El miedo del gobierno es que la furia de los uniformados haga que utilicen las armas para fusilarlo vía quiebre de la cadena de mando, o que directamente por inacción otros se encarguen de hacerlo expulsándolo del poder forzosamente. Seguramente las imágenes de varios años atrás que venían de un Ecuador con su presidente casi fusilado por policías huelguistas, o aquí mismo y mas cercano en el tiempo cuando la gendarmería y sectores del ejercito intentaron similares protestas contra el gobierno, no dejo dormir a mas de un político y algunos buenos beneficiarios de buenos números del tesoro publico. Después de todo un grupo de ladrones organizados siempre lucha por sobrevivir.
Entonces el meollo de toda esta cuestión es muy claro de ver: el gobierno al seguir con su dureza de no ceder a los reclamos jamás se imagino que desencadenaría rebeliones contra la estructura jerárquica. Estas rebeliones pacificas de policías que reclamaban lo suyo dieron lugar a que criminales comunes en forma violenta reclamaran lo ajeno. Mientras el gobierno seguía con su dureza de no ceder, las desastrosas situaciones que se dieron como consecuencia durante casi tres días hicieron que se rompiera lo que podría llamarse la cordura o contención por miedo, que es fundamental para mantener al gobierno como tal (8).

Ineficiente y corrupta

El término ineficiente o incompetente es común en la calle cuando las críticas se dirigen a determinadas empresas, pero en libertad de comprar o no dichas organizaciones de seguir sin cambiar mucho están predestinadas a desaparecer, por suerte. Más complejo es el término “corrupto” por que nadie utiliza tal adjetivo contra empresarios, industriales o comerciantes. La razón es que si los empresarios se corrompen haciendo malos negocios, pensando en otros asuntos más que en la prosperidad de su empresa, o prestando o recibiendo dinero de otras fuentes sin especular ni investigar mucho, su suerte solo perjudicaría sus intereses, su propio beneficio, no a personas ajenas a tales negocios. Pero en el gobierno todo toma un giro de 180 grados en definición. En este lugar “corrupto” define a un político que dejando de lado buenos ideales morales de su envestidura, se corrompe robando, mintiendo, aceptando sobornos, coimas, y demás bienes en forma ilegal, o sea en ultima instancia obteniendo dinero que no le corresponde de una bolsa de ingresos que muchas personas llenaron, auque de manera dudosamente voluntaria. No hay importantes diferencias entre la corrupción misma y de lo que es legal o no en el gobierno. Un político a quien obligatoriamente se le tiene que dar dinero para que brinde seguridad, educación y sanidad, además de un buen sueldo por tan excelente captor de estos ingresos, se lo define como un funcionario “honesto”, tanto si pide mas fondos aumentando impuestos, como si no. Pero a un político a quien obligatoriamente se le tiene que dar dinero para que brinde seguridad, educación y sanidad, además de un sueldo que en realidad resulta ser mayor por que los fondos que administra ahora son menores, aumente o disminuya los impuestos, se lo tilda de “corrupto”. Y es que los políticos a diferencia de cualquier otro sujeto tienen la libertad, la grosera libertad de auto-transferirse el dinero que querían por la simple razón de que son ellos los que lo cobran y “administran”.
En una empresa privada, un malgasto, una mala estimación de ventas, una mala propaganda, pésimos socios o productos o servicios de poca demanda y calidad generan la quiebra y desaparición definitiva de la entidad. En el estado, por el contrario, solo provoca la remoción de uno o varios de sus empleados o cabecillas pero la maquinaria sigue tan viva como siempre. La vacante del ladrón corrupto de ayer es llenada por el ladrón honesto de hoy.
Lo que es legal para el político es de dudosa legalidad para el hombre común de la calle. Un hombre decente no podría jamás usar las armas para robar a sus vecinos aduciendo que con tal robo ayudaría a desamparados, o en el caso particular de la seguridad, pagaría a unos vigilantes armados para custodiar la propiedad de las propias victimas a las que asalta. Si alguien, arma en mano, osara con tal pretexto seria declarado un timador y criminal nato que nos quiere vender el verso de la señora buena que regala lo ajeno (9) y, con toda justicia y sin pensarlo mucho ser denunciado como un desvergonzado e hipócrita ladrón. Hoy por hoy a una banda de ladrones que en cierto momento se organizan para ir casa por casa armados e intimidando a las personas para que esta vez lo robado sea el doble del mes anterior le llaman aumentos de impuestos. Lo que es legal para unos pocos explotadores armados, es ilegal para la mayoría explotada y desarmada. ¿Y gente de esta clase provee seguridad y nos cuida del asesinato y el robo? Esto es importante por que es precisamente este método, el del saqueo real a personas pacificas, por el cual se paga a una organización armada que llaman policía provincial o federal para proveer seguridad. ¿Alguien de verdad espera que un sistema cuyo modo de financiación sea éste logre brindar seguridad ininterrumpida a una población que lo paga sin derecho a objetar? En el problema de los saqueos de Tucumán nadie, absolutamente nadie, ni periodistas muy moralistas y sensibles contra las injusticias, ni mucho menos gente del gobierno claro, hicieron alusión a este grave problema. Y son estas mismas personas las que critican la corrupción e ineficiencia de la policía sin nombrar el modo en que se financia. Acá entra en escena ese viejo dicho que reza que “una empresa ineficiente (de seguridad) en el mercado quiebra, pero en el estado se expande”. Por eso, antes de quejarse por un servicio es preferible estudiarlo con más atención para no decir las estupideces que se dijeron por todas partes.
Otro tema es la descripción algo detallada de las razones de ineficiencia y corrupción de este servicio de seguridad en Tucumán. Primero que nada la desocupación encubierta y la inflación, temas relacionados en una época de estanflacion negada por el gobierno, como es lógico. La inflación tiene una consecuencia terrible en el comercio, siendo esto aparte de las distorsiones de precios que comente más arriba: crea más inflación. La gente pese a tener mas dinero que gastar, no percibe mas bienes producidos, entre otras cosas debido a los controles de precios (nadie produce para no ganar), y al cese de inversiones (¿quien invertiría si el beneficio en pesos se desvanece dentro de algunos meses?). La consecuente corrida hacia el dólar, una moneda más estable para ahorrar, y causalmente la desvalorización del peso no hace mas que crear más inflación de la que ya hay por dejar el peso de ser una moneda (mejor dicho un papel pintado) bien respaldada. De pronto se da que la inmensa cantidad de pesos imprimimos no es intercambiable por dólares reales. Esto a muchos no parece importar por esgrimir que la plebe trabajadora no utiliza dólares. Pero los ahorros de gente que financia a empresarios que contratan trabajadores, y hasta esos mismos empresarios, usan una moneda muy diferente al peso cuando ven perdidas. Las personas que reciben el dinero recién impreso por considerable tiempo y cantidad empiezan a percibir los exorbitantes aumentos de precios, por lo que restringen el consumo real, y por tanto, todo el ramal de comercios e industrias que se crearon al bajar por la fuerza la tasa de interés vía inflación entran en quiebra. Y como colofón, al concentrarse muchos pesos en manos gastadoras de pesos, pero enfocándose mas en la canasta básica de supervivencia (no alcanza para mas), junto a un tendal de empresas y comercios muertos o por morir, la desocupación y los aumentos de precios de servicios y bienes básicos son la realidad palpable del día a día.
¿Cuáles son las consecuencias de esto? Vasta dar una recorrida por la ciudad de San Miguel de Tucumán para comprobar que solo grandes supermercados y tiendas (y sus proveedores mayoristas) gozan casi siempre de buena salud, pero todos los demás comercios se quejan de la terrible caída de las ventas (10). No hay que estar muy atentos para percibir la gran cantidad de locales comerciales vacíos con el cartelito “se alquila” que se visualizan diariamente cuando esos mismos lugares tenían productos que vender, encargados dirigiendo y empleados trabajando hace meses. Tampoco hay que ser ciego para no ver los “cierre por liquidación” que se ven al andar. Los comerciantes que quedan ante esta situación reducen gastos, sacan ofertas, pero difícilmente contratan personal (mas los costos de la legislación laboral, ¿lo harían legalmente?). Por otra parte las dos empresas más importantes de call centers, subsidiadas por el gobierno, están en políticas activas de cese de personal según muchos ex empleados sorprendidos con el telegrama de despido, y en problemas de pago según los afortunados que quedan. ¿Será esto consecuencia de que el subsidio ya no puede comprar mucho, o por que el gobierno disminuyo tal ayuda? Sin ir mas lejos la grilla de avisos clasificados del diario local, que hace un año solía ser algo larga los domingos, tiene un ritmo actual decreciente de tamaño y calidad que por momentos se estanca. ¿Qué relación tiene todo esto con la policía acuartelada? A finales de la última década (y todavía hoy) las largas colas que superaban cuadras enteras y vueltas a la manzana para ingresar a la policía local por su sueldo seguro, por su entrenamiento no tan difícil y sus exigencias no tan duras, era y es un modo fácil de superar la desocupación. No es que toda la policía absorbía el desempleo forzoso, pero ante peores alternativas una gran cantidad de jóvenes buscando trabajo o mejores sueldos aprovechaba la ocasión. Esto ocurre por que en el mercado laboral el estado se filtra para alimentar sus burocracias, que en este caso podría llamarse de burócratas armados para diferenciarlos de los que solo atienden oficinas del gobierno.
Juntando todo esto y haciendo comparaciones, ¿existe gobierno que tomando un numero descomunal de empleados en una época de alta inflación pueda brindar seguridad sin problemas de huelgas de personal? Honestamente, no.
El segundo gran tema al tratar de visualizar las raíces de la ineficiencia de la actual policía estatal, me lleva a tratar las dependencias y oficinas mismas de trabajo que aporta el estado para su funcionamiento (11). Aquí vuelvo a poner de relieve la importancia del interés por el beneficio personal de todos los hombres que trabajan y por ende me sale un pregunta muy simple para resumirlo: ¿la gente trabaja por trabajar o por el producto de su trabajo? ¿El comisario mayor trabaja por trabajar o por el producto de su trabajo que es su sueldo? ¿El oficial de la menor categoría trabaja por trabajar o por su sueldo? ¿El conserje de la comisaría limpia por limpiar o por su sueldo? ¿El ministro de seguridad da órdenes por dar órdenes o por que recibe un sueldo por hacerlo? ¿La policía cuida a la sociedad por cuidarla o por los sueldos de sus empleados? Ante una inflación que siempre afecta seriamente a los trabajadores que ganan menos y no a los que ganan mas, es muy lógico que un aumento descomunal de precios perjudique a los agentes inferiores pero no al comisario mayor ni al ministro ¿No es lógico entonces que los que están cómodamente mas arriba en la cadena de mando critiquen y encarcelen a los débiles de abajo que no se pueden defender?
Tema aparte es la tragedia de los comunes aplicada a los servicios de seguridad del estado. Esto es que cuando del funcionamiento de una organización armada no depende el sueldo de quien en teoría la maneja y gobierna, tal entidad termina siendo mayormente obsoleta y solo importante al gobierno en crear puestos de trabajo y/o para mera costumbre de acumular armas para defenderse en algún momento. Lo mismo ocurre con el trabajo personal de los oficiales en servicio. Esto quiere decir que el encargado del cuerpo policial difícilmente gane más si los policías a su cargo evitan más crímenes o maten más asesinos, ladrones y violadores, o ganen menos si ocurre todo lo contrario. A la vez, el sueldo bajo y fijo de los oficiales no se aumenta al capturar estos más asesinos, ladrones o violadores o por correr más metros en un día que en otro. Pasando al otro extremo, el comisario mayor no ve beneficios derivados en más aportes de la población por que ésta se siente orgullosa de tener un prestigioso, respetado y eficiente servicio de seguridad en la comisaría local, ni los merma si percibe lo contrario. El conserje de las oficinas policiales no gana más por limpiar mejor los baños de los destacamentos ni menos si deja los inodoros sucios. En términos simples para ilustrar con un ejemplo práctico y frecuente, a un policía le pagan exactamente lo mismo tanto si se toma el trabajo de perseguir por varias cuadras a un escurridizo ladrón, como si estacionara su motocicleta en un bar para ver el partido de fútbol del fin de semana con una cerveza en mano. Esto se llama simplemente disfunción del nivel del sueldo con la productividad, o en otras palabras el sueldo es el mismo haga lo que haga y trabaje lo que trabaje quien sea, consecuencia esto de la ausencia del beneficio personal acorde a la eficiencia de cada integrante del sistema de seguridad, mas la forma espuria de financiamiento vía impuestos de un monopolio forzoso de la seguridad en un régimen inflacionario.
Esto no se resuelve creando sueldos jerárquicos por decreto, ya que para mantener a las fuerzas tranquilas en tiempos de inflación, habría que aumentar los aportes cada mes hacia arriba. Por el hecho de que el dinero que cada ves vale menos hay que ganarlo antes de robarlo y darlo a la policía, tal método no tendría sentido con contribuyentes que ya no tienen (ni quieren) mucho que aportar al fisco.
¿Y los recursos? ¿Hace falta algún comentario cuando las patrullas y motocicletas, las armas y balas, los chalecos antibalas y el combustible son proveídos por el gobierno? Sí, se pagan sobreprecios y siempre son escasos por lo que nunca alcanzan por que el dinero dado siempre es poco y los recursos necesitados siempre muchos, lo único. Tuve la oportunidad en épocas de desgracia de llamar cinco veces a la jefatura local: solo vinieron dos y con demora. En las tres ocasiones restantes, todos los móviles estaban ocupados primero; había móviles pero no había combustible segundo; y tercero, había móviles y combustible pero no oficiales disponibles para conducirlos, por lo que me derivaron a otra dependencia policial cuyo teléfono nadie atendió. Esta situación seguramente es tan familiar para muchos ciudadanos de esta provincia, que creo es al vicio describirla mucho. Después de comparaciones entre la empresa privada y el servicio estatal ¿hay alguna duda de por que el servicio de comidas a domicilio llega mas rápido que la policía ante un llamado? Pero una vez más ¿Quién tiene la culpa? ¿Los oficiales en huelga o quien paga sus salarios y defiende a la ves tal sistema de seguridad? ¿El chancho o quien le da de comer?

Controlando armas

Mucho antes de estos saqueos recientes y debido a niveles alarmantes de criminalidad detectados en el país durante toda la ultima década (curiosamente algunos decían que Tucumán igualaba a Buenos Aires en esto) comenzó en este país un control de armas, que, auque no muy estricto y fácil de evadir, privo a miles de ciudadanos libres e inocentes de defenderse ante criminales que podrían brotar por un “fallo” de la seguridad del gobierno. Este control actual de armas se basa en propaganda visual con carteleria callejera (12), impuestos, ayuda de la gendarmería junto a la policía local en temas de inspección, y el control directo de las armerías donde se requiere de los compradores la espera de un mes para recibir cualquier tipo de revolver o escopeta después de un minucioso análisis personal (13), siendo acreedor al finalizar de una licencia del gobierno si no hay manchas en los archivos. La preocupación por este control, que en la vida real realza el mercado negro armando a los delincuentes y desarmando a los que se quieren defender de ellos, no era injustificada. Hace casi un año intentos y actos reales de saqueo tanto en Tucumán como en otras provincias habían tendido la alarma. Sin olvidar muchos las escenas de inseguridad con calles cortadas y gente nerviosa por los paros del campo en 2008, de los saqueos violentos tras la debacle del 2001 y los tristemente famosos saqueos de la hiperinflación de fines de los 80s. Teniendo presente además que el control de armas se impone en un país con muchos salarios bajos, desocupación camuflada con estadísticas falsas y empleo precario, policía estatal y por ende ineficiente, mas las famosas políticas redistribucionistas que conllevan a todo lo anterior eternamente, la propiedad permanece insegura en todo momento por el aumento lógico de la criminalidad en dichas circunstancias. Todos estos miedos se hicieron realidad en los recientes saqueos, y con mayor crudeza en Tucumán y Córdoba.
Daba impotencia ver como solo la mayoría de los ladrones motorizados mostraban sus armas de fuego en la calle, de cómo solo algunos grandes propietarios de almacenes, supermercados y comercios con sus empleados exhibían armas de fuego en mano, de cómo el gobernador y sus ministros eran custodiados por las armas de fuego de sus guardias, pero desgraciadamente no la mayoría de la gente honrada de ingresos bajos y medios que en los barrios y comercios menores, con simples palos, machetes y cuchillos, mucho no podían hacer para amedrentar ladrones mejor armados. ¿Pudieron estas victimas estar mejor a la defensiva de lo que estuvieron de haber sido mas fácil el acceso a las armas de fuego? ¿Podría haber ocurrido que, al ver los criminales mejor armados a sus posibles victimas, hubieran realizado menores atracos o incluso abstenerse de cometerlos? Sí, aquí y en cualquier parte.
En los medios se critico y se califico de “calamidad social” a un fenómeno frecuente en esos días negros de saqueo y violencia: las barricadas en las calles. No falto el individuo corto de pensamiento y el político ignorante que en radio y televisión dijera estar consternado al ver situación “tan caótica” de calles intransitables por gomas y maderas quemadas en cada esquina junto a vecinos armados. Bueno, no se puede esperar mucho de personajes que no comprenden que las viviendas, los electrodomésticos y automotores de estos vecinos se compraron con su sudor y sangre y que por eso valen tanto como para defenderlos de esa forma, del mismo modo que para un ladrón es difícil de entender que un LCD, un automóvil o una vivienda se consiguen trabajando y ahorrando, no robando. Esas barricadas cumplían un fin muy importante: remplazaban al servicio de seguridad estatal que fallo por otro privado, que aun rudimentario por falta de armas y el escaso tiempo de existencia, funciono evitando que miles de casas y comercios sean saqueados. ¿Hacían un mal impidiendo el transito? No, por que el paso era libre para los pocos policías en servicio, los bomberos, las ambulancias y los mismos vecinos ínter-barriales. Este servicio era pagado por sus propios vecinos con su propio trabajo, el trabajo de pararse armados en esquinas con gomas y madera ardiendo. De ser eficiente lo era, después de todo antes de pagar por la fuerza al gobierno una seguridad que no existe para que este custodie bienes que no son suyos, es más seguro trabajar uno mismo para proteger sus propiedades que sí le pertenecen. Se trataba en todo caso de un verdadero fenómeno de privatización de calles por unos días. ¿Fue esto un gran caos? No, pues si esas calles se liberaban directamente como es lógico se liberaba el camino para los saqueadores hacia las propiedades. El verdadero caos hubiera sido que todos los vecinos vieran impotentes y entre lágrimas como ladrones sin escrúpulos se llevaran lo poco o mucho que tenían, siendo altamente probable además un número de victimas mortales mayor de los ocurridos realmente (14). Esas calles eran (y son) de los propios vecinos, de nadie mas, pues después de todo las calles en la mayoría de los barrios fueron construidas por arquitectos, albañiles, ingenieros, aplanadoras, mezcladoras, niveladoras, cemento y hormigón pagados por el estado, o sea el dinero que esta misma gente victima de los saqueos tuvo antes que darle a los politicos.

Los saqueadores

Ya me referí a la inflación y la desocupación como culpables y potenciadores de la criminalidad en esta región, pero aun así no están solos. Los acompaña la ayuda social. Ante nada en el trato del subsidio dejo aparte los referentes a los regimenes jubilatorios y de discapacidad por pertenecer a un análisis ajeno a este escrito. El subsidio estatal directo de ayuda a personas que pudiendo trabajar, por diferentes causas no lo hacen, tiene mucha más responsabilidad de lo que parece por ser un caldo esencial para esquivar el trabajo (el incentivo por trabajar desaparece), pues consecuentemente se agranda la indiferencia ante ofertas laborales reales (intente atraer trabajadores a su empresa vendiendo sueldos cuando el gobierno los regala), y lo mas grave, se multiplica la expansión y creación de familias cuyos miembros no tendrán un trabajo asegurado en el mercado laboral futuro (el dinero gratis crea un bienestar falso que empuja a procrear sin problemas aparentes). En el corto plazo prima mas la desesperacion que la buena conducta moral. Si a esto se le agrega la influencia de narcóticos, pésima educación elemental (en una situación de precios crecientes y desocupación, pocos son lo que estudian por mas gratis que sea la educación) y deficiencias en la seguridad personal que como antes dije en un gobierno como este se agravan, la multiplicación de familias disfuncionales se acrecienta. Este engrandecimiento de familias conflictivas, ademas de agravar la conducta de los criminales natos, son el nido principal para individuos que ante la imperante necesidad abandonan la cordura mas elemental por el respeto de los derechos individuales ajenos, eliminando el miedo natural de violarlos y dando rienda suelta al instinto animal del saqueo, ya que principalmente, salvando pocos casos aislados, el costo percibido por ellos de arriesgarse a delinquir disminuye respecto al de trabajar en forma honrada. No es de extrañar entonces que fuertes monopolios coercitivos, muchos subsidios, alta inflación y control de armas tengan relación con la aparición, de repente, de un gran número de delincuentes que siempre roban, oportunistas que nunca lo hicieron pero que se animaron y de gente sumida en la pobreza de las villas miserias que es capaz de todo por vivir unos días mejor que el resto del año, cuando la escasa seguridad desaparece también de repente.

Conclusión:

En fin, como siempre nadie critica a los ladrones moderados en cómodas oficinas que combaten a ladrones comunes. El vicepresidente es un buen ejemplo; testaferro mediante se acerco a la imprenta del estado y pudo pasar de la miseria que padecía en 2003 hacia la opulencia actual con solo bajar una palanca, imprimir pesos y cambiarlos por dólares para agasajarse con las comodidades internacionales del primer mundo. ¿Este gran saqueador compartirá el calabozo de Villa Urquiza al cual fueron mandados los policías sublevados que exigían mejor pago por su trabajo? No, por que ahora es el vicepresidente del país, mejor dicho ex ministro de economía y una de las cabezas del estado, ese gran y organizado grupo de supuestas nobles intenciones en el cual periodistas y millares de personas buenas y pacificas, que incluso están en contra del gobierno de la señora de Kirchner, cree. ¿Es lógico entonces desde esta perspectiva que el vicepresidente no este en la cárcel? Claro que si.
Hace algunos años me causo sorpresa enterarme que muchos funcionarios enviaban a sus hijos a escuelas privadas por desconfiar de las publicas (cosa que ahora es común), pero mucho mas me asombro que estos individuos tengan contratado un servicio privado de seguridad en casi la totalidad de sus domicilios. Otra curiosidad fue el ver en persona como cedes del ministerio de educación compraban el servicio de cierta entidad privada para evitar robos en sus locales. Si todo este grupo de individuos, denominados políticos, no tienen cara para defender la educación estatal pero mandan a sus hijos a colegios privados, ni tampoco se avergüenzan de disfrutar las custodias de empresas privadas de seguridad, ¿que se espera de la seguridad que puedan brindarnos para proteger nuestras casas y comercios si el mismo estado en parte usa lo privado?
Cuando alguien critica la alta inflación, diversos personajes cuyos sueldos vienen del estado mayormente (15) salen a la defensiva aduciendo que la moneda nacional es corrompida por imperios capitalistas, especuladores insensibles o ideas hegemónicas y egoístas del “neoliberalismo” o lo que signifique este termino, pero nunca por culpa de la imprenta que la manejan seres de calidad moral e intelectual tan baja como los políticos. Hablando de egoísmo, si es malo ¿por que tener a un ladrón (16) como administrador de servicios de seguridad, si el mismo ladrón es el extremo violento del egoísmo capas de quedarse con lo ajeno sin importar más que su propio beneficio personal? Cuando estos mismos sujetos defiende eso por lo cual mucha gente es pobre llamado “moneda nacional”, ¿olvidan acaso o se hacen los de olvidar que el peso, el papel que pierde valor en comercios, industrias y casas de familias es impreso y defendido por políticos argentinos que en definitiva son el “estado argentino”? Culpan a terceros de la desvalorización pero, ¿acaso desconocen que esos pesos fueron emitidos por políticos argentinos, en suelo argentino, con imprentas argentinas y trasportado por conductores argentinos custodiados por guardias armados argentinos hacia bancos argentinos manejados por banqueros argentinos y siguiendo las órdenes de un banco central argentino que a la vez responde a políticos argentinos? Existe una única verdad: los únicos hombres honestos que puedan pensar en apostar a la moneda nacional son los pobres y los necios. Buena comparación la de los policías en huelga y la de muchos ingenuos trabajadores de clase media que confiaron sin saber mucho su dinero ahorrado con gran sacrificio a las bóvedas de algún banco local que forma parte de la red del banco central.
Si ante esto no se queja, entonces no se queje.

Notas:

*Hombre y superhombre.

1- Al escribirse esto la inflación real se estima en el 30% anual según un promedio de varias medidoras privadas, ya que la oficina de estadísticas del estado por lo general publica una estimación que ronda el tercio de este porcentaje.

2- Decirle “empresa estatal” a una servicio del estado es un pleonasmo, ya que una empresa real es lo opuesto a un estado. No se puede ser empresa y estado a la vez por que el medio de financiamiento para sus fines es totalmente antagónico.

3-“La mano invisible, de Adam Smith”, Taurus, Great Ideas, pag. 23.

4- A estas alturas no me hace falta debatir sobre las estadísticas del INDEC para saber que el kilo de filet esta a $56, el de pan a $14, un litro de aceite a $14 o que el boleto del colectivo urbano es de $3, cuando según esta oficina del estado solo se requieren $6,5 por día para que una familia pobre sobreviva con lo elemental. El problema, en términos generales, radica en que además de números dibujados, esta central estadística toma un conjunto de productos sujetos a un control de precios muy estricto en un mercado central controlado por el gobierno. Lejos de ese mercado es muy difícil encontrar una canasta acorde a las estimaciones dadas.

5- Relación que basada en datos históricos del siglo pasado sobre la actividad laboral norteamericana, indicaba que un pleno empleo solo es posible mediante inflación. Fue refutada oficialmente en los años 70s por los economistas monetaristas, pero también varias décadas antes por los austriacos. Cuando se comprobó que a la larga más inflación crea más desocupación, la curva ya era historia.

6- Literalmente desocupación con inflación.

7- El profesor Juan C. De Pablo solía escribir que estas leyes son como las brujas: nadie cree en ellas pero de que las hay las hay.

8- Situación real en que una minoría armada contiene a una mayoría criminal armada solo por la difusión del miedo para mantener alerta a la mayoría de los individuos posibles, tanto a los que quieren ser criminales como a los que desean combatirlos ayudando al estado con denuncias. Numéricamente y por solo voluntad, en teoría esta mayoría esta en condiciones, aun con perdidas, de eliminar a la minoría. Una mayoría armada solo obedece siendo intimidada, pero aun así no tiene necesidad ni intención de organizarse para acabar con el gobierno, aun contando con la enorme ventaja de poseer mas armas que él debido a que ese no es su fin, pues solo se interesa en atacar la propiedad privada que tengan más cerca y menos protegida. Los costos, la gran organización y el largo plazo en ver un botín después de eliminar al gobierno desincentiva a esta mayoría, mas empeñada en la vida fácil de ataques sin mucha inteligencia y ateniendo siempre al corto plazo. Además un ladrón común no esta dispuesto a la competencia, por lo que una organización de ladrones comunes, por mas que prometa gran riqueza sustraída, no puede tener lugar. No desean una rebelión contra el gobierno por que saben que de no existir estado, la gente igualmente cuidaría su propiedad armándose en forma personal. No están a favor de la propiedad privada ni están dispuestos a esperar mucho para sustraerla: quieren robarla y lo quieren yá.
Si fueran ladrones más inteligentes juntarían fuerzas en llegar al gobierno antes que en destruirlo. Una forma inteligente de robar es ingresar vía mentiras como suele ser a una organización legalizada del robo que aun teniendo menos armas que la población, es respetada por la mayoría de las personas pacificas, a pesar de que son estas mismas personas las que pagan las armas que aquella pueda llegar a poseer.
La contención por miedo contra una mayoría armada que no esta concentrada en atacar a la policía funciona siempre y cuando se cumplan esta única condición: que el miedo sea visible, esto es, se perciban policías en las calles, aun desarmados y leyes a la vista de todos que penalicen el crimen (incluyéndose en la categoría de crimen el ataque hacia el estado).

9- Frase con la que Jose I. Garcia Hamilton denominaba a la esposa del presidente Peron. “Por que crecen los países”, 2009, Editorial Sudamericana, pag. 230.

10- Hace unos años un representante de la cúpula de los supermercados decía que a pesar de los saqueos las perdidas fueron mínimas y las ganancias, como siempre muy buenas. Esto es en sintonía con la política consumista que impulsaba y explicaba en persona la presidenta.

11- Edificios chicos, grises, con poco cuidado y no muy limpios, muchos cayéndose de viejos, con abundantes papeles pegados en las paredes, una banderita argentina en cada escritorio y ruidosas y anticuadas maquinas de escribir, hoy ya obsoletas. Cuando me tuve que presentar en las oficinas céntricas de la policía local para una declaración por sufrir un robo, un agente a duras penas manejaba la nueva computadora con la consecuencia de perder casi una hora en escribir una carilla de letras.

12- Se pegan en los porta-carteles de hierro que están a la vista por casi toda la ciudad. El mensaje se visualiza con los signos más y menos leyéndose: mas armas, menos vida – menos armas, más vida. En los saqueos pocos creían que esto era cierto.

13- “Se duplicaron las consultas por armas de fuego tras los saqueos”, Diario La Gaceta, Tucumán, 11 de diciembre de 2013, edición web.

14- Según las últimas informaciones hubo 8 victimas mortales entre saqueadores y saqueados.

15- Yo los llamaría ignorantes con titulo universitario pues la mayoría salen de universidades mediante activismo político intenso y/o actualmente viven de dádivas del estado. Entre ellos se pueden citar a Roberto Feletti (político activo), Alfredo Zaiat (Pagina 12), al grupo Fénix (la ultima presidenta del banco central) de Aldo Ferrer o lo que quede de el, numerosos “tanques de pensamiento” de la facultad de ciencias económicas de la UBA con su famosa editorial incluida y el Instituto Torcuato Di Tella. No todas estas entidades e individuos están relacionados o gozan de las mismas ideas, pero su defensa unánime del estado de bienestar los une espiritualmente. Miles y miles de jóvenes absorben sus ideas diariamente en universidades estatales o privadas controladas por el gobierno, con lo que por ahora tenemos economistas defensores del estado para rato. Si el necio aplaude, malo, si el sabio aprueba, peor.
16- Cuando de no trabajar se trata existen dos alternativas: ser un vago o un ladrón. De esta última opción cabe elegir entre formar parte de una mafia criminal o entrar en la política que es mas o menos lo mismo, solo que con mas estilo y descaro.

No hay comentarios

Dejar una respuesta