100 años de intrusiones, por Jeffrey Tucker

100 años de intrusiones, por Jeffrey Tucker

1016
1
Compartir
Privacidad

Artículo escrito por Jeffrey Tucker titulado One Hundred Years of Intrusions. Traducido por Josep Purroy.

PrivacidadImagina un tiempo en que el gobierno no sabía nada sobre el dinero que tenías en el banco. No le importaba la cantidad de dinero que habías hecho, dónde lo hiciste, y qué hacías con el. Podías convertir tus ganancias en oro, plata, papel, o cualquier otra cosa, y nunca presentar una hoja al gobierno.

Cómo te ganabas la vida no era asunto de la clase política. Por lo demás, tu cuenta bancaria podía estar bajo un nombre falso y absolutamente a nadie le importaba.

Este era el mundo de hace tan sólo 100 años en los Estados Unidos. Es por eso que se llamaba la “tierra de la libertad”.

En ese entonces, todos los ingresos federales -pequeños para los estándares de hoy en día- provenían de un impuesto sobre los bienes importados. Ese impuesto hizo mucho daño, como todos los impuestos hacen. Sin embargo, el sistema era superior porque tomaba sólo una pequeña parte de la riqueza privada y, lo más importante, no tenía consecuencias para la privacidad de los ciudadanos comunes.

La razón para este cambio dramático es bastante simple. Ahora tenemos un impuesto sobre la renta. El gobierno determina cómo se te paga y lo que puedes hacer con tu dinero, y gasta enormes recursos haciendo este seguimiento. El gobierno quiere su parte. Por lo tanto, no tienes derecho a ganar dinero sin “apoquinar” antes.

La intrusión en nuestras cuentas bancarias fue sólo el comienzo. A lo largo de estos 100 años, todo cambió. El gobierno puede espiar nuestros correos electrónicos y llamadas de teléfonos móviles, confiscar casas y automóviles sin procedimientos legales, e incluso enviar aviones-drones sobre nuestras casas y matarnos legalmente. Estamos totalmente poseídos. Es un mundo que nadie de finales del siglo 19 en América podría reconocer.

Esta situación ha alarmado y confundido a muchas personas. Seguro que hay maneras en que podemos proteger nuestra privacidad. Seguro que hay maneras de proteger nuestras libertades de estas intrusiones. Para ello, las personas que no entienden completamente la tecnología digital a menudo reaccionan de manera que son contraproducentes. Ellos deciden mantenerse alejados de todas las redes sociales. Ellos no tienen una cuenta de Facebook, no envían Tweets, no tienen LinkedIn, y algunas personas ni siquiera utilizan una tarjeta de crédito.

Estas mismas personas van en contra de las empresas privadas digitales que recopilan datos sobre nosotros. No utilizan las tarjetas de compra en los supermercados. Denuncian a Amazon por rastrear las compras. Se asustan cuando Gmail le muestra anuncios en función de los temas tratados en el mensaje del email. Se imaginan que todo esto son síntomas de una época en que la privacidad ha sido vencida por el régimen.

Puedo entender esta reacción, pero esta es la verdad del asunto. Todos estos comportamientos son el equivalente digital a excavar un gran agujero en el suelo y saltar en él. Esto no te protegerá contra las intrusiones por parte del Estado. De hecho, este enfoque de protección de ti mismo, incluso puede tener el efecto contrario y hacerte más vulnerable que nunca.

Hay un mundo de diferencia entre un gobierno que está espiando en tu cuenta bancaria y una tienda online que realiza un seguimiento de tus hábitos de compra con la esperanza de venderte más cosas que te gustan. Las acciones del gobierno son una amenaza a tus derechos humanos. Las acciones de la empresa privada, en última instancia, están diseñadas para brindarle un mejor servicio.

Tomo lo que parece ser una visión contraria a la intuición de cómo protegerse en una época donde el espionaje por parte del gobierno está en todas partes. La solución no consiste en ocultarse sino todo lo contrario: ser una persona pública. Abraza los medios sociales. No tengas miedo de tener tu nombre en Internet. De hecho, cuanto más conocido en el mundo digital eres, más protección realmente tendrás y más probabilidades de que te salgan defensores si te encuentras mezclado con algún asunto del Estado policial.

Llegará un momento en que esta red puede salvarte la vida. Acabas sin trabajo y necesitas esa cuenta de LinkedIn de inmediato. Podría encontrarte que te llevan a la cárcel y sólo tienes unos minutos para publicar ese Tweet o actualización de estado. Puedes encontrarte atrapado en una zona de alta criminalidad y necesitas ayuda; entonces es cuando esa actualización de Foursquare puede significar la vida o la muerte.

Por otro lado, la oscuridad es algo que el gobierno ama. Si te quedas atrapado en el sistema de justicia penal, no existe una red allí fuera que te anime, reúna en tu nombre, y te proporcione ayuda legal. Si la detención o el problema al que te enfrentas, se basa en papeles, no existe un perfil público que contradiga las afirmaciones del gobierno.

Fue muy interesante que después de la masacre de Sandy Hook, la misma oscuridad en Internet del asesino ayudó a condenarlo. La gente hoy en día imagina que una persona que está en la clandestinidad digital es una persona muy sospechosa y que probablemente haya hecho algo malo. Esta es la peor manera de comenzar un enredo con el gobierno.

Por otro lado, puedes utilizar los medios sociales como una manera de dar forma a tu personalidad profesional y social para tu propio beneficio. Es una manera de tomar el control. Y en cuanto a las cookies de seguimiento que los sitios comerciales en Internet ponen en tu navegador, esta es una distracción del problema real. Amazon y Google no quieren enviarte aviones-drones a tu casa. Quieren participar en el comportamiento, totalmente libre de amenaza, de tratar de venderte cosas. No hay nada en este deseo que represente una amenaza para tu bienestar.

Sin duda, se necesita un cierto grado de sofisticación para usar Internet de una manera que ayude, más que haga daño, a tu reputación profesional y perspectivas de vida. En general, la regla se aplica siempre y en todo: no publiques nada que no quieras que todo el mundo lea ahora y para siempre. Lo mismo es válido para el correo electrónico. Probablemente no hay ningún lugar de la comunicación menos seguro que el correo electrónico.

En los primeros años de Internet, pensé que la demanda pública de privacidad condenaría los intentos de crear redes sociales públicas. Nadie quiere que todos sus pensamientos y su paradero actual sea transmitido al mundo. En la teoría, yo estaba completamente equivocado. De hecho, lo contrario es cierto. Un gran número de personas se mueren por tener atención donde quiera que puedan conseguirla. Esto es particularmente cierto para los jóvenes que están acostumbrados a vivir vidas públicas desde una edad temprana.

Algunas personas tienen dificultades para comprender este hecho crucial. En su mayor parte, las intrusiones de privacidad aparentes de las empresas privadas en Internet son para mantener los deseos de los consumidores. Y esto no es algo que la mayoría de la gente tenga que preocuparse por ello. La empresa privada no es la amenaza. El gobierno es la amenaza.

Sin duda, las empresas privadas han demostrado estar dispuestas a cooperar con las agencias gubernamentales cuando se les pide que lo hagan o se les fuerza a hacerlo. Esto es verdaderamente horrible. En el balance, sin embargo, mantenerse alejado de los medios digitales no ayuda a mantener ninguna libertad o intimidad. El mejor enfoque consiste en navegar mediante la configuración de privacidad de tu navegador. Si entras a sitios web sospechosos, utiliza un dispositivo que oculte tu IP como Tor (que puedes descargar fácilmente).

El problema de la privacidad es un problema del gobierno. Se trata de un problema de política. Así que mientras tengamos un monopolio del dinero por parte del gobierno y un impuesto sobre la renta, nuestros derechos están siendo violados. El espionaje, las confiscaciones y los aviones-drones son sólo la operación de barrido. Son los políticos y los burócratas, no las puntocom ni los CEOs, los que son el verdadero enemigo.

1 Comentario

Dejar una respuesta